
El lunes 16 temprano fui caminando hasta la estación de Sants, en donde me compré un billete para dos días consecutivos del Barcelona Bus Turístic. Es una buena opción para los que van de visita a la ciudad y quieren, además de conocer los puntos de interés turístico más importantes, ver Barcelona desde otro punto de vista.
Es sencillo: hay 3 rutas distintas (dos en la época en la que fui) que recorren determinadas zonas de la ciudad. Con el billete, tienes derecho a bajarte en las paradas y subirte al Bus Turístic todas las veces que quieras, pues pasa uno aproximadamente cada cinco minutos. Tienen audio guía en varios idiomas y si hay plaza, puedes ir en la zona de arriba. Yo lo hice, quizás por eso arrastro un resfriado desde entonces, pero vale la pena. Entre las zonas que no conocía, destaco la bajada desde Montjüic hasta el puerto y luego toda la parte de la Barceloneta.
Me bajé por Montjüic para sacar unas fotos de la ciudad y luego en Colón. Me subí a lo alto gracias al ascensor y, tras vencer un poquito mi fobia a las alturas, disfruté de las vistas, como demuestra la fotografía que encabeza esta entrada.
Por cierto, aprovecho para recordar que he subido todas las fotos del viaje a mi cuenta de Picasa.

Desde ahí me metí por la trasera de La Rambla para buscar una tienda que había visto cerrada el domingo y que me llamó mucho la atención. La había visto una vez en una revista y me pareció súper curioso. Se trata de Happy Pills. El concepto es sencillo pero original: es una tienda de golosinas en la que escoges el tamaño del bote, lo rellenas de las golosinas que elijas (tienen un montón expuestas) y pones la etiqueta que más te guste. Imitan a los botes de medicamentos y se supone que todos tienen una posología concreta: contra los lunes, contra el mal de amores, contra los domingos sin fútbol... No es lo que se dice barato, pero es un detalle muy cuco.
Tras encontrar la tiendita (en los días siguientes me topé con 3 o 4 Happy Pills más diseminados por la ciudad), me monté de nuevo en el Bus Turístic y cogí la línea roja. Aunque pasa por varios lugares que quería visitar, los reservé para la siguiente jornada, pues mi objetivo no era otro que el Camp Nou, el estadio del FC Barcelona, el equipo del que soy hincha, como ya sabéis ;-)

Ya había estado antes en el Camp Nou hace muchos años, pero en aquella ocasión sólo se podía acceder al Museo y a la grada. Con la entrada del Tour, ahora puedes llegar a pie de césped, ver los banquillos, los palcos, la zona de prensa, las cabinas de los medios de comunicación... Supuestamente también se puede visitar los vestuarios, pero el día en el que fui, no llegaba ahí la ruta. Igual estaba en mantenimiento...
Es una visita que vale la pena si eres seguidor del Barça o tienes curiosidad futbolística. La entrada sale casi 18 euros y el tour lo haces siguiendo un camino marcado con vallas. Hay opción de comprar una audio guía también.
Pues nada, a ver si a la tercera va la vencida y la próxima vez que vaya al estadio, es para presenciar un encuentro del equipo...
Luego me bajé por el Centro Comercial L'illa Diagonal, un lugar enorme, tan grande que ocupa como diez números de calle. Comí en un restaurante oriental que estaba muy bien, donde pedí un bol de ramen. También aproveché para echar un vistazo por las dos tiendas por las que fui allí, Muji y Lush. Como siempre, fui ilusionada, miré y miré y me fui sin nada. Tienen un montón de cosas que me llaman la atención, pero demasiado caras.
Tras ello, regresé caminando al piso de mi hermano para descansar.

El martes 17 fue día Gaudí. Tomé de nuevo la línea roja del Bus Turístic y me bajé en la Sagrada Familia. Siempre que voy a Barcelona procuro entrar a verla. Su construcción se financia únicamente de donativos anónimos, en su mayor parte constituidos por los que adquieren entradas, pero me gusta ir viendo su lenta evolución conforme pasa el tiempo.

Siempre que estoy ahí, me pregunto lo mismo: ¿la veré terminada? No lo creo, pero de ilusión se vive...

No viene mucho a cuento con la imagen, pero esta ha sido la primera ocasión en la que veo obreros trabajando in situ dentro de la catedral.

Y después, al Parque Güell. Lo único malo es que el Bus Turístic te deja en una zona donde tienes que subir una cuesta durante diez minutos, así que el paseo se las trae. La guagua de transporte público, que se toma en Plaza de Cataluña, te deja a un lado y el pateo se hace más llevadero. Pero bueno, como ya tenía pagado el otro, pies para qué os quiero...

Esta foto está tomada desde lo alto de una tienda. Me compré un libro de ilustraciones del Art Nouveau que me encantó ^^

Y por la tarde me dediqué a callejear por la trasera de La Rambla para mirar tiendas curiosas y hacer compras (encontré una en donde vendían telas japonesas por metros y retales) y dar con Santa María del Mar, la catedral a la que todavía no había entrado. Me ha parecido sublime, maravillosa. En mi opinión, impresiona incluso más que la mismísima catedral de Barcelona.
Por cierto, es la de La catedral del mar, la novela que hace un par de años todo el mundo leía. Yo llegué a leerme la mitad. Luego lo dejé porque empezó a aburrirme, pero sólo por haber hecho de reclamo para descubrirla, mereció la pena.
Terminé pasando por Continuará Cómics, en donde pillé unos tomos de Ponent Mon de oferta y regresé a casa de mi hermano. Fui a cenar a un japonés de cinta con él y Sara y de ahí fui directa al sobre, pues al día siguiente me tocaba excursión fuera de Barcelona.








