Hoy el mundo prácticamente no ha hablado de otra cosa. La muerte de Michael Jackson ha ocupado buena parte de los periódicos, titulares de programas de televisión, radio, páginas de Internet, tertulias en el trabajo, en las casas y un largo etc.Hay algunos aspectos que me gustaría comentar ahora que ha pasado un tiempo prudencial desde la noticia.
1) A pesar de las polémicas, a pesar de los rumores que siempre le rodearon y con los que muchos trataron de hundirle, es increíble cómo este hombre, aún después de muerto, sigue siendo una máquina de hacer dinero. Sus discos vuelven a estar en la cresta de la ola. La promotora de los supuestos conciertos de Londres se ve ahora en una encrucijada porque las aseguradoras sólo cubren las pérdidas de los 10 primeros, mientras que los otros 40 les supondrán millones de dólares que devolver sólo en entradas.
2) Internet es una herramienta fascinante, en la que las noticias corren a la velocidad de la luz. Pese a tratarse "simplemente" de una interconexión entre distintos servidores y ordenadores, en situaciones como la de anoche se puede ver la cara humana en los parámetros de búsqueda, las webs visitadas, los sitios saturados... Mi primera reacción fue buscar en Google un periódico digital de Los Angeles. Luego fui al New York Times. Después, a la Wikipedia.
Mientras los principales diarios internacionales empezaban a expandir la noticia todavía sin confirmar, miles de personas, entre las que me incluyo, entraron en la web oficial de Michael Jackson para comprobar, horrorizadas, que seguía anunciando los famosos conciertos que le han llevado por último a donde ahora está.
Media hora después, no podía postear en Twitter, en Google aparecían cada vez más resultados con las palabras clave, la Wiki había sido editada con la fecha del fallecimiento, los foros de fans se convertían en un alud de posts...
3) Y la tercera reflexión, viene a cuenta de lo que escuché esta tarde en el coche cuando salía del trabajo. Suelo poner el programa La ventana, de la Cadena SER. Ahí estaban los tertulianos, entre los que se encontraba Boris Izaguirre, y me llamó la atención lo que dos de ellos comentaron: ambos tienen hijos de entre 10 y 12 años que, por su edad, no conocieron la época dorada de Michael. Sin embargo, estaban leyendo los periódicos e investigando en Internet quién era y por qué el mundo entero ha sucumbido a tanto revuelo.
Yo supongo que cuando tenga hijos, ellos tendrán sus propios iconos. Me gustaría que en ese futuro, aunque nunca lleguen a saber qué sentimos muchos veinteañeros, casi treintañeros, la noche del 25 de junio de 2009, puedan disfrutar de su música. Les diría que el segundo CD que su madre se compró (el primero fue Hasta luego, de Los Rodríguez) fue el HIStory de Michael Jackson, alguien que lo dio todo por la música, cuyo talento compositivo sólo era equiparable a su voz de ensueño y sus endiablados pasos de baile.
Cuando murió Freddie Mercury yo sólo tenía 9 años. Recuerdo escenas de aquellos días, pero en ese entonces, no podía comprender la dimensión de la pérdida. Ahora sí que lo hago, tras haber descubierto su música con Queen. Ojalá que las generaciones futuras también lamenten, algún día, la pérdida de un icono, el símbolo de la música pop del S. XX.
Mi vídeo favorito de Michael: Scream, junto con su hermana Janet. Me pone los pelos de punta.















2 comentarios:
como artista fue excepcional, y queda su música para siempre.
Pero como persona dejaba muchísimo que desear, y yo personalmente no siento nada al saber que ha muerto.
Creo que la música, como arte, debe trascender a la persona que la ha realizado. Da absolutamente igual si tal o cual artista se muere, lo que importa es el producto que dejó en vida, ya que es el resultado de una sociedad que vive bajo unas determinadas circunstancias. El arte debe ser anónimo como tal, y los nombres propios no son más que ayudas mentales para localizar el recuerdo.
Por otro lado, pienso que los verdaderos engranajes que hacen evolucionar a la música no están en la cresta de la ola.
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