Tras leerme el segundo volumen de Seton, el naturalista viajero, manga dibujado por Jiro Taniguchi en base a un guión de Yoshiharu Omaizumi, saqué el tercero de la biblioteca. Hace ya unos días que lo terminé, pero no había podido hablar de él hasta ahora.Seton cuenta la vida de Ernest Thompson Seton, importante naturalista que encontró en las tierras todavía salvajes de Canadá su ideal de existencia: el estudio de los animales en la naturaleza y el traslado de sus conocimientos a la humanidad gracias a sus dibujos y escritos.
Mientras que en el segundo tomo el lector asistía a las vivencias de un Seton adolescente que aprendía a manejarse en la dureza de la montaña durante sus vacaciones de verano, en este tercer volumen nos encontramos con un Seton ya adulto, veinteañero, que ha de enfrentarse al gran dilema de decidir qué hacer exactamente con su vida..

Gracias a su talento para el dibujo, consigue matricularse en la prestigiosa Royal Academy of Arts de Londres, donde supera varios cursos con honores. Sin embargo, el dinero que le envía su padre para la manutención y la beca apenas le da para pagarse los materiales de dibujo y sobrevivir malamente. Poco a poco, Seton va acusando una nostalgia feroz hacia la montaña. Llega un punto en el que, deprimido, decide dejar Londres y volver a casa de sus padres en Canadá.

Su madre le recoge terriblemente enfermo y cuida de él hasta que se recupera. Es entonces cuando su padre le da un ultimátum, con el objetivo de que se independice de una vez por todas. Por suerte, uno de sus hermanos mayores tiene un rancho en las montañas y decide irse con él para ayudarle y, de paso, probar suerte con la intención de montarse uno propio en el futuro.

Allí Seton se revitaliza. Ese es su entorno, el lugar en el que quiere estar. Disfruta con el duro día a día en el rancho y sus paseos por el bosque, los cuales cada vez se van extendiendo en radio. Es así como llega a sus oídos que una manada de ciervos, desaparecidos de los alrededores desde hace años, ha vuelto a dejarse ver por el lugar. El líder, un impresionante ciervo macho al que todos llaman Sandhill Stag, se convertirá en su obsesión e inspiración para seguir adelante como naturalista en ciernes.
Chaska, un nativo de la tribu Kree, le enseña técnicas ancestrales de los cazadores indios para rastrear a sus presas. Junto a Chaska, Seton alcanza una comunión total con la naturaleza salvaje y comprende que en los animales reside un alma especial, un espíritu que hay que respetar y admirar como representación misma de la vida.
¿Logrará encontrarse con Sandhill Stag? Y, si lo consigue, ¿tendrá el valor de apretar el gatillo y llevarse su ornamenta como trofeo? Si queréis saberlo, os recomiendo que leáis este tercer volumen de Seton.
Me ha gustado mucho más que el segundo, tal vez porque me siento más identificada con el personaje en una edad más cercana a la mía. Supongo que todos nos hemos preguntado en alguna ocasión qué es lo que realmente queremos hacer y nos hemos visto en una encrucijada: arriesgarlo todo por un ideal, o conformarnos con una vida cómoda que, en el fondo, no nos llena.
El retrato de un hombre admirable, del lápiz del siempre genial Jiro Taniguchi. Ayer me llamaron de la biblioteca para decirme que ya está disponible el tomo 1. Mañana sin falta voy a buscarlo.















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