
Tras unos días ausente del blog por motivos laborales (he estado saliendo
súper tarde de la oficina) vuelvo a la carga tras haber terminado de leer el último tomo de
Eagle, el
seinen de
Kaiji Kawaguchi que fue la gran apuesta de
Glénat en el pasado Salón del Manga de Barcelona 2008.
Eagle, la forja de un presidente cuenta cómo en el año 2000 el senador demócrata por el Estado de Nueva
York,
Kenneth Jukichi Yamaoka, americano de
origen japonés (abuelos japoneses inmigrantes) empieza su temeraria carrera como candidato a la Casa Blanca por su partido, persiguiendo el objetivo de convertirse el primer presidente asiático-americano (no blanco) de la historia de Estados Unidos. Por el interés cultural que
despierta, un joven y desconocido periodista nipón,
Takashi Jo, es enviado como reportero especial por parte del periódico en el que trabaja a Estados Unidos, con el fin de seguir cada detalle y cubrir la campaña de
Yamaoka.
Sin embargo, las vidas de Jo y
Yamaoka están íntimamente unidas. A medida que Jo descubre más acerca del hombre que persigue semejante ambición, la de subirse a la cima del poder
mundial, se topa con las respuestas a las preguntas que, incesablemente, se ha hecho a lo largo de su vida en torno a su madre, que le crió en solitario, y a la enigmática figura del padre al que nunca conoció, más allá de una vieja fotografía desenfocada de ambos...
Eagle me ha parecido un manga magnífico. Por un lado, las diferentes vivencias de los personajes principales se entretejen formando una maraña gigante de esperanzas, anhelos, dudas, celos, sexo, violencia y un sinfín de sentimientos más. Por otro, es ideal para comprender cómo funciona el complejo sistema electoral norteamericano, ya que seguimos las andaduras del supuesto presidente desde el comienzo, cuando nadie apuesta por él en el seno del partido hasta las primarias, pasando por las escaladas de confianza pública, la recaudación de fondos, la búsqueda de aliados, etc.
También hay espacio para muchos conflictos sociales contemporáneos: la guerra de
Vietnam, las ocupaciones militares en las bases norteamericanas a nivel internacional (en España tenemos la de Rota), el racismo, la inmigración ilegal, el control de armas...
Asimismo, hay muchas referencias a personas reales, como el otro candidato por los Demócratas. Al
Noah es, sin duda, un reflejo de Al
Gore, el segundo de
Bill Clinton, que también se hace un
cameo en fisonomía, cargo y nombre, puesto que cuando aparece en acción, lo hace como Presidente saliente y llevando el mismo nombre. Hasta su esposa,
Ellery (
Hillary), muestra una ambición terrible y está dispuesta a lo que sea por seguir escalando posiciones.
Lo más curioso de todo, y es el principal gancho que ha utilizado
Glénat a la hora de darle publicidad, es que esta historia del primer presidente no-blanco de
EEUU surgió del lápiz de
Kaiji Kawaguchi nada más y nada menos que 8 años antes de que
Barack Obama rompiese dicho tabú en la vida real.

He aquí donde empieza mi crítica hacia la editorial. Aplaudo que
Glénat apostase por ello y nos diera la oportunidad de disfrutarlo, pero creo que han metido la pata hasta el fondo con el enfoque de mercado. A base de compararlo con el fenómeno Obama, se nota a la legua que trataron de acercar el producto a un público no habituado a leer manga. Para ello, además de una publicidad algo agresiva, cometieron el horrible crimen de invertir las planchas para cambiar el sentido de lectura en lugar de mantener el original japonés. Es ridículo ver a los personajes estrechándose la mano izquierda. Por si no se tuvo bastante con la extraña ubicación del corazón de
Goku en su día.
Otra cosa que no me ha gustado de la edición de
Glénat, es que en cada tomo he visto errores tipográficos. Palabras que no están (un que, un de...) o mal escritas. Como si se hubiera hecho con prisas. Cuando pagas 15 euros por un tomo, y encima de una
compañía prestigiosa, a mí me fastidia bastante toparme con estas cosas.
Por lo demás, el papel es bueno, los tomos son generosos y el diseño de portadas es sencillo y más
resultón que el de otras ediciones europeas que he visto por Internet. La traducción está muy, muy bien hecha y el propio ritmo de la obra, que sólo decae un poco a partir del cuarto tomo, hace que resulte una gran inversión.

Por lo que he leído, parece que a
Glénat no le ha ido demasiado bien con las ventas pese al esfuerzo. Hasta le
dedicaron una web propia al manga. Pese a todo, recomiendo su lectura a los que sientan interés por el tema, no lo lamentarán. Es otra manera de ver cómo funciona el mundo en el que vivimos. Me sigue pareciendo
interesantísimo ver historias de tinte occidental recreadas desde el punto de vista de un japonés, como me ha pasado con
Taniguchi, sólo que en esta ocasión, llevadas a otro punto gracias a la política.